domingo, 1 de septiembre de 2013

De la belleza.

La virtud es como una piedra preciosa y seguro que la virtud está mejor, en un cuerpo hermoso, aunque no de rasgos delicados, y que tenga, más bien, a lugar la dignidad de la presencia, que la belleza aparente. No es visto tampoco, que las personas hermosas posean una gran virtud, como si la naturaleza hubiera estado lo bastante ocupada, no para errar pero si para haber producido una obra por excelencia. Aún así, demostrar haberlo logrado, sin poseer grandeza de espíritu, y estudiar el comportamiento más bien, que la virtud. Pero esto no es garantía siempre: para César Augusto, Tito Vespasiano, Felipe el Bello de Francia, Eduardo IV de Inglaterra, Alcibíades de Atenas, Ismael el sofista de Persia, eran todos de buen y gran espíritu; y sin embargo también los hombres más hermosos de su tiempo. En la belleza, como un don, es más que el tono; es el movimiento digno que desencadena la gracia .Esa es la mejor parte de la belleza, una imagen que no se puede expresar, no, ni como primer vistazo a la vida. No hay belleza alguna sin algo extraño en sus proporciones. Un hombre no podría decidir si Apeles, o Albert Durer, era el más nimio, más bien, que haga de uno, un personaje de proporciones geométricas; y de otro, tomaría lo mejor de ambas partes adoptando los rasgos del rostro de cada uno para hacer una excelsa. Tales personajes, creo yo, no complacerían a nadie, más que al pintor que los hizo. No, pero creo que un pintor puede hacer un mejor rostro, uno que nunca hubiera imaginado; pero debe hacerlo por una especie de felicidad (como un músico que transforma la atmósfera en melodía), y no como una regla. Un hombre verá los rostros que si se les examina por partes, nunca encontrará una de su agrado, y sin embargo por el todo lucen bien. Y si es verdad que la lo esencial de la belleza está en el decoroso movimiento, sin duda, no será una maravilla, aunque las personas a través de los años, parecen muchas veces más amable; pulchrorum autumnus pulcher (las personas hermosas poseen un bello otoño) porque ningún joven puede ser atractivo, considerando su juventud, como para compensar la pulcritud. La belleza es como las frutas de verano, que son fáciles de corromper, y de corta duración, y en su mayor parte, de juventud disoluta, y una edad falta de semblantes, pero aún se puede asegurar, que si se ilumina bien hará a la virtud brillar y ruborizará los vicios.


Francis Bacon.
"De la belleza".

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