—Mi nombre es Matai Shang y no existo. Me esfuerzo para no existir. ... Es una lastima, realmente. Es una criatura admirable y le faltó muy poco.
—Habla del Noveno Rayo.
—Ya no tiene importancia. Después de la ceremonia de hoy… cuando se encuentren las dos lunas e intercambien los votos… ella y todos los demás que sepan del noveno rayo serán… eliminados. Cortando así la cabeza de la bestia. Limpia, rápida y precisamente. ... Lástima que nadie le advierta. ... Hay que restablecer el equilibrio.
—¿Qué les da derecho a interferir?
—¿Qué te importa? Este no es tu hogar. No tienes obligaciones para con esta gente. No tienes perro en esta pelea, ¿no lo dicen así en Virginia? ... Un hombre sin una causa.
—Entonces, ¿cuál es su causa?
—No tenemos ninguna. No nos atormenta la mortalidad como a ustedes. Nosotros… somos eternos.
—No entiendo. La boda, este pequeño paseo. ¿Por qué no matarme a mi y a Dejah?
—La historia seguirá el curso de trazamos. Y escogimos a Sab Than para que gobierne. El Noveno Rayo debe permanecer en manos de bestias controlables. Y la infamia de la muerte de Dejah Thoris sellará su reinado. Jugamos este juego antes de nacer este planeta. Y lo seguiremos jugando después de que muera el tuyo. Nosotros no causamos la destrucción de un mundo. Solo la manejamos. Nos alimentamos de ella, digamos. En todos los planetas, siempre sucede lo mismo. Las poblaciones crecen, las sociedades se dividen… las guerras se esparcen. Y todo el tiempo… el planeta descuidado lentamente desaparece.
“We don’t read and write poetry because it’s cute. We
read and write poetry because we are members of the human race; and the human
race is filled with passion. Medicine, Law, Business, Engineering, these are
noble pursuits and necessary to sustain life, but poetry, beauty, romance, love,
these are what we stay alive for!
To quote from Whitman:
'Oh me! Oh life! Of the questions of these recurring,
Of endless trains of the faithless, of cities fill’d with the foolish,
Of myself forever reproaching myself, (for who more foolish than I, and who more faithless?)
Of eyes that vainly crave the light, of the objects mean, of the struggle ever renew’d,
Of the poor results of all, of the plodding and sordid crowds I see around me,
Of the empty and useless years of the rest, with the rest me intertwined,
The question, O me! so sad, recurring—What good amid these, O me, O life?
Answer.
That you are here—that life exists and identity,
That the powerful play goes on, and you may contribute a verse.'
—¡Si! ¡Sus mentes liberan adrenalina, dopamina e incluso dimentripamina de la glándula pineal! Esto tiene un alto valor educativo, la tanatofobia y estar al borde de la muerte nos da conciencia eufórica alterada. ¡¿No lo ve, princesa?! ¡¡TODOS NACIMOS PARA MORIR!!
Cierto
día, un compañero de colegio señaló en la calle a una mujer, diciéndome:
—Mírala,
está muerta.
A mí me
parecía imposible que una difunta se moviera con aquella naturalidad entre la gente.
De hecho, sabía que era mentira, pero resultaba excitante creérselo, así que le
seguí el juego. Mi amigo me aseguró que era capaz de distinguir a una mujer
muerta entre mil mujeres vivas.
—¿Pero
en qué lo notas?
—En nada
en concreto y en todo a la vez. Si te fijas, van envueltas como en una burbuja
de paredes invisibles. Cuando seas capaz de percibir esa burbuja, aprenderás a
distinguirlas.
A los
pocos días de esta conversación, iba dando patadas a las piedras por mi calle,
cuando vi a una mujer dentro de la burbuja. La burbuja la puse yo seguramente,
pero la mujer era completamente real. La seguí con disimulo hasta la Avenida de
América, y luego por Francisco Silvela, hasta llegar a una ferretería en la que
entró para salir al poco del brazo de un sujeto muy alto, con bigote a lo Clark
Gable. El hombre estaba vivo, desde luego, y no trataba a la mujer como a un
cadáver. Al contrario, se acercaba a su cuerpo cuanto le era posible,
desplazando la pared de la burbuja hacia el otro lado, y le besaba el cuello a
través de esa membrana que parecía no detectar. Entraron en un bar que hacía
esquina con la calle de Méjico y se comieron un bocadillo de calamares cada
uno. Cuando ella alargaba el brazo para tomar de la barra el vaso de cerveza,
sacaba la mano de la burbuja sin romperla, del mismo modo que algunos objetos
son capaces de penetrar en una pompa de jabón.
Comencé
a centrar mi atención en él. Parecía el prototipo de individuo mundano que por
entonces yo mismo aspiraba a ser. Una persona con clase, pensaba ingenuamente,
debe moverse con la misma naturalidad entre los muertos y los vivos. Aquel
hombre actuaba con una soltura increíble y sabía en qué momento tenía que
abrocharse o desabrocharse el botón de la chaqueta o pasarse el dedo índice por
el extremo del bigote, como para recoger, más que una miga de pan, un
pensamiento. Al salir del bar, él la tomó de la cintura y la atrajo hacia sí
con tal violencia que la sacó sin darse cuenta de la burbuja. Entonces abandoné
la persecución con la idea romántica de que el amor consiste en rescatar al
otro de la muerte, y decidí esperar mi oportunidad.
A los
pocos meses llegó al barrio una chica nueva, con burbuja. Era muy joven para
estar muerta, pero lo consulté con mi amigo y me dijo que las había de todas
las edades.
—Una
prima mía de tres semanas está muerta también.
—¿Y qué
dicen sus padres?
—No lo
saben. La mayoría de la gente no ve la burbuja.
Me
enamoré como un loco, y, cuando logré reunir el dinero suficiente, la invité a
un bocadillo de calamares en el bar de Francisco Silvela esquina a Méjico.
Luego intenté acercarme para rescatarla de la burbuja, pero no se dejó. Y al
día siguiente, cuando pasé cerca de un grupo en el que se encontraba ella, noté
que me señalaba con expresión de burla. Estaba presumiendo de haberme sacado un
bocadillo de calamares, que para nosotros era una fortuna. Entonces, pese a mi
timidez, me acerqué al grupo y, apuntándole al pecho con el dedo, le dije:
—Estás
muerta. No vayas a creerte que no lo sé.
Todas
sus amigas se alejaron un poco, como con miedo a contagiarse, y desde entonces
arrastró una vida solitaria, que yo tampoco intenté aliviar, aunque me lo pedía
con los ojos. Se casó con un muerto de hambre con el que asiste a misa de
difuntos todas las semanas. Continúa en el barrio, y, cuando me acerco por
allí, a ver a mis padres, se hace la encontradiza para que la libere de la
burbuja en la que sigue atrapada. Pero ahora, aunque quisiera, no podría,
porque yo mismo he ido encerrándome durante todos estos años dentro de una
membrana transparente y flexible de la que sólo podría rescatarme una mujer
viva.
Juan José Millás. "Los objetos nos llaman". (2008)
"Si estás leyendo esto, el aviso va dirigido a ti. Cada palabra que leas de esta letra pequeña inútil, es un segundo menos de vida para ti. ¿No tienes otras cosas que hacer? ¿Tu vida esta tan vacía que no se te ocurre otra forma de pasar estos momentos? ¿O te impresiona tanto la autoridad que concedes crédito y respeto a todos los que dicen ostentarla? ¿Lees todo lo que te dicen que leas? ¿Piensas todo lo que te dicen que pienses? ¿Compras todo lo que te dicen que necesitas? Sal de tu casa, busca a alguien del sexo opuesto. Basta ya de tantas compras y masturbaciones. Deja tu trabajo. Empieza a luchar. Demuestra que estas vivo. Si no reivindicas tu humanidad te convertirás en una estadística. Estás avisado..."
Fui a los bosques porque quería vivir sin prisa. Quería vivir intensamente y sorberle todo su jugo a la vida, abandonar todo lo que no era la vida, para no descubrir, en el momento de mi muerte, que no había vivido...
No quería vivir lo que no fuera la vida; ¡es tan hermoso el vivir!; tampoco quise practicar la resignación, a no ser que fuera absolutamente necesaria. Quise vivir profundamente y extraer toda la médula de la vida, vivir en forma tan dura y espartana como para derrotar todo lo que no fuera vida, cortar una amplia ringlera al ras del suelo, llevar la vida a un rincón y reducirla a sus menores elementos, y si fuera mezquina, obtener toda su genuina mezquindad y dar a conocer su mezquindad al mundo, o si fuera sublime, saberlo por propia experiencia y poder dar un verdadero resumen de ello en mi próxima salida. Porque me parece que la mayoría de los hombres se hallan en una extraña incertidumbre acerca de si la vida es del diablo o de Dios, y han deducido apresuradamente que la principal finalidad del hombre aquí es “glorificar a Dios” y gozar de él en la eternidad.
Henry David Thoreau. "Walden, La Vida en los Bosques". (1854)
I knew an old man at a fair Who made it his twice-yearly task To clamber on a cider cask And cry to all the lovers there:–
‘Lovers of all lands and all time Preserve the meaning of my rhyme, Love is not kindly nor yet grim But does to you as you to him. Whistle, and Love will come to you: Hiss, and he fades without a word: Do wrong, and he great wrong will do: Speak, and he tells what he has heard.
Then all you lovers take good heed, Vex not young Love in thought or deed: Love never leaves an unpaid debt, He will not pardon, nor forget.’
The old man’s voice was kind yet loud And this shows what a man was he, He’d scatter apples to the crowd And give great draughts of cider free.
Era una especie de ruinas, o mas bien, una construcción comenzada que dejaron de construir y estaba abandonada, era un estructura en la que solo habían pilares, no había paredes ni techo, solo uniones de pilares y se encontraba en la "orilla" de una playa que daba hacia el oeste, aunque pararse frente a la playa era, en realidad, estar parado en uno de los pilares horizontales como en el borde de una piscina...
Estaban ellos disfrutando de la playa, al igual que las demás personas que se encontraban allí, eran casi una pareja feliz, hasta que luego llegó otra pareja. Causalmente el muchacho de la pareja recién llegada era exnovio de ella, y la muchacha exnovia de el, una hermosa chica de cabello rubio casi blanco. Ella y su exnovio comenzaron a saludarse, e igual lo hicieron su novio y la rubiaza. Ella dejo de hablar con su exnovio porque consideró que ya lo había saludado lo suficiente... pero el caso de su novio no fué igual, cuando lo vió estaban jugando con una pelota en la orilla del mar. Y ahí fue cuando retornaron esos feos sentimientos a ella, sentimientos que no quería sentir pero no podía evitar sentirlos, porque su intuición le decía que tenía que sentirse así. Se sintió mal y empezó a huir...
Empezó a deslizarse como pudo en el delgado pilar horizontal, tratando de no perder el equilibrio para no caer en el agua que se veía profunda, ya que era cristalina y de un azul verdoso, mientras se deslizaba ocurrió un momento sublime: La hermosa agua cristalina de color azul verdoso que hacía en el mar olas como «ondas», de esas olas que no son lo suficientemente grandes para romperse y hacer espuma, formó una gran ola como de 10 o 15 metros de alto justo en frente de ella, y por unos momentos vió el sol brillar a través de la ola y fue hermoso... el agua se veía mucho mas cristalina y el color mucho mas hermoso... fue sublime.
Cuando por fin pudo llegar al final de las ruinas ya comenzaba propiamente la playa, y empezó a correr por la orilla de la playa y alejarse de todo... vió que había una competencia de motos de agua en la playa y todos se entretenían con eso, luego se le dificultó correr ya que empezó a sentir cosas que le pullaban los pies, al fijarse vio que eran como pequeños dijes de plata, o eso parecían, eran de los vendedores artesanos que siempre venden pulseras y esas cosas en las playas, pero estaban clavados en la arena con la misma distancia entre uno y otro, y como si alguna vez hubieran pertenecido al mar... luego, los dejó atrás también.
El escenario en la playa era bastante parecido al fondo de este blog...
La virtud es como una piedra preciosa y seguro
que la virtud está mejor, en un cuerpo hermoso, aunque no de rasgos delicados,
y que tenga, más bien, a lugar la dignidad de la presencia, que la belleza
aparente. No es visto tampoco, que las personas hermosas posean una gran
virtud, como si la naturaleza hubiera estado lo bastante ocupada, no para errar
pero si para haber producido una obra por excelencia. Aún así, demostrar
haberlo logrado, sin poseer grandeza de espíritu, y estudiar el comportamiento
más bien, que la virtud. Pero esto no es garantía siempre: para César Augusto,
Tito Vespasiano, Felipe el Bello de Francia, Eduardo IV de Inglaterra,
Alcibíades de Atenas, Ismael el sofista de Persia, eran todos de buen y gran
espíritu; y sin embargo también los hombres más hermosos de su tiempo. En la
belleza, como un don, es más que el tono; es el movimiento digno que
desencadena la gracia .Esa es la mejor parte de la belleza, una imagen que no
se puede expresar, no, ni como primer vistazo a la vida. No hay belleza alguna
sin algo extraño en sus proporciones. Un hombre no podría decidir si Apeles, o
Albert Durer, era el más nimio, más bien, que haga de uno, un personaje de
proporciones geométricas; y de otro, tomaría lo mejor de ambas partes adoptando
los rasgos del rostro de cada uno para hacer una excelsa. Tales personajes,
creo yo, no complacerían a nadie, más que al pintor que los hizo. No, pero creo
que un pintor puede hacer un mejor rostro, uno que nunca hubiera imaginado;
pero debe hacerlo por una especie de felicidad (como un músico que transforma
la atmósfera en melodía), y no como una regla. Un hombre verá los rostros que
si se les examina por partes, nunca encontrará una de su agrado, y sin embargo
por el todo lucen bien. Y si es verdad que la lo esencial de la belleza está en
el decoroso movimiento, sin duda, no será una maravilla, aunque las personas a
través de los años, parecen muchas veces más amable; pulchrorum autumnus
pulcher (las personas hermosas poseen un bello otoño) porque ningún joven puede
ser atractivo, considerando su juventud, como para compensar la pulcritud. La
belleza es como las frutas de verano, que son fáciles de corromper, y de corta
duración, y en su mayor parte, de juventud disoluta, y una edad falta de
semblantes, pero aún se puede asegurar, que si se ilumina bien hará a la virtud
brillar y ruborizará los vicios.
Y allí estaba ella, parada en el pasillo del autobús junto con otros estudiantes universitarios que también iban parados ya que no quedaban mas puestos. Se había levantado a las seis de la mañana y eran, en ese momento, mas de las ocho, no había desayunado y era un viaje de una hora. No se sentía bien, estaba mareada y rodeada de caras indiferentes. Se sostenía con ambas manos de uno de los pasamanos en el techo, no había pasado ni media hora y empezó a sentir nauseas, a sentirse cansada en extremo y sin fuerzas, miraba por la ventana que le quedaba de frente la vista del recorrido, pero eso no le ayudaba, se giró noventa grados para ver hacia el mismo sitio que los pasajeros que iban sentados y se sujetó de ambos pasamanos en el techo, una mano en cada pasamano, en una posición tipo "crucificado", pensando que sería mas cómodo, pero fue peor, sentía mas cansancio todavía y empezó a sentir que se le cerraban los ojos, y se desmayaba, soltaba los pasamanos y se desplomaba por unos milisegundos hasta que "despertaba" de nuevo y se volvía a sujetar rápidamente. Así fue durante un largo rato del viaje. Y nadie, ni la muchacha que se encontraba delante de ella, ni el muchacho de atrás, ni ninguno de los demás pasajeros pareció darse cuenta... o importarle...
Una muchacha desmayándose en un autobús lleno de estudiantes universitarios como ella, de jóvenes contemporáneos con ella, y a nadie le importaba. O se hacían los locos. Todos en silencio, indiferentes, ignorando lo que pasaba. Era increíble ver como nadie se daba cuenta de lo que sucedía, era increíble ver una indiferencia tan grande, como frialdad, era increíble como sucedía aquello y nadie hacia nada, increíble...
¿Qué clase de futuro debemos esperar con una juventud así?...
Diario de Rorschach. 12 de Octubre de 1985: "Un perro muerto en la calle ésta mañana. Marcas de neumático en su estomago destrozado. Esta ciudad me teme, he visto su verdadero rostro. Las calles son arroyos, y los arroyos están llenos de sangre... y cuando los desagües se atasquen, todos los gusanos se ahogarán. Toda la inmundicia de su sexo y violencia hará espuma a su alrededor, y todos los políticos y prostitutas mirarán arriba y gritarán: "¡sálvanos!" ... y yo miraré hacia abajo y susurraré: "No". Tuvieron su oportunidad todos ellos. Pudieron seguir las huellas de buenos hombres como mi padre, o el presidente Truman... Hombres decentes que creían en la paga de un día por el trabajo de un día. En vez de eso, siguieron los pasos de libertinos y comunistas, sin darse cuenta de que el camino llevaba a un precipicio hasta que fue demasiado tarde. No me digas que no tuvieron su oportunidad. Ahora el mundo entero está al borde del infierno, todos esos liberales, intelectuales y charlatanes... y de repente, nadie puede pensar en algo que decir."
"Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma.
Y uno aprende que el amor no significa acostarse.
Y que una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender...
Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para planes... y los futuros tienen su forma de caerse por la mitad.
Y después de un tiempo uno aprende que, si es demasiado, hasta el calor del Sol puede quemar.
Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno es realmente fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende ... y así cada día.
Con el tiempo aprendes que estar con alguien, porque te ofrece un buen futuro, significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad.
Con el tiempo te das cuenta de que si estás con una persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.
Con el tiempo aprendes que los verdaderos amigos son contados y que quien no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de falsas amistades.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en momentos de ira siguen hiriendo durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es atributo sólo de almas grandes.
Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, es muy probable que la amistad jamás sea igual.
Con el tiempo te das cuenta que aun siendo feliz con tus amigos, lloras por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.
Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, tarde o temprano sufrirá multiplicadas las mismas humillaciones o desprecios.
Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, porque el sendero del mañana no existe.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas y forzarlas a que pasen, ocasiona que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás a los que se marcharon.
Con el tiempo aprenderás a perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, pues ante una tumba ya no tiene sentido.
Nunca jamás pienses que te puedes enamorar de una chica que escriba. Tampoco la escuches o prestes mucha atención a lo que dice. Enamórate de una simple, sencilla y que tenga mala ortografía, ella te dará alegría sin sabor, de esa que no despierta emoción. En cambio, una chica que escriba, sería capaz de narrar la historia más aburrida y hacerla parecer divertida, interesante, ocurrente. Esa que escribe hasta en una servilleta, será capaz de moverte algo más que el piso. Sal con una chica que solo se preocupe por su aspecto, te vendrá bien en todas esas fotos y reuniones del trabajo. Tu mamá dirá que podrán tener hijos hermosos y que ella se dedicará a cuidarlos cuando llegue el momento. Una chica que escribe, en cambio, podría hacerte pasar momentos incómodos cuando decida reírse de alguna tontería en la calle, cuando recuerde algún cuento o cuando decida ser ella misma en alguna fiesta y convertirse en una persona interesante llena de cuentos y aventuras que solo conoce por las páginas que escribe. Disfruta de tu vida con una chica cualquiera, sencilla y simple. Tendrás una vida sin preocupaciones y sin montañas rusas emocionales. Siempre sabrás qué esperar y cómo, disfrutarás del sexo matutino en la única posición que sabe, porque de todas maneras sentirá placer y tú también. Deja de lado a aquella chica que escribe, atrevida y oculta detrás de sus letras. Esa que es capaz de mostrar su lado más salvaje cuando se siente cómoda y aceptada porque será ese, aunque no lo creas, su momento de mayor sensualidad. Ella, la chica que escribe, que lee, que disfruta, que crea historias será un reto. Mantenerla a tu lado no será cuestión sencilla. Disfrutará, probablemente, del cine “raro” y preferirá comprar libros antes que vestidos, pero aun así podrás encontrarla un día vistiendo solo sus lentes y algún libro que le guste porque así se lee mejor. Cuando nada te incomoda. Cuando solo la piel te acompaña. En cambio, aquella chica que no escribe ni siquiera un papel para decirte que la esperes, será mucho más fácil de mantener, llévala a fiestas ruidosas y llenas de gente plástica que solo asiste a aquellos lugares para que el ruido de la música les impida escuchar la tristeza de sus pensamientos. Conquista a una mujer que no escriba, ella será fácil a la hora de consentirla y hacerle regalos, para ella será solo cuestión de rosas y chocolates, sin esperar más allá. Piensa que, si te enamoras de una que escribe, deberás buscar libros, tulipanes, chocolates diferentes, obras de teatro o sencillamente una tarde en un parque. Para ella cualquier regalo podría ser especial, pero no sabes qué es «cualquier regalo» porque sabes que ella retará tu creatividad. En fin, enamórate. Enamórate de la que irrumpa en tus sueños cuando menos lo esperes, enamórate de esa que te rete. Conquista a esa mujer que, sin darse cuenta, ya entró en tu cabeza y no la puedes ni quieres sacar. Enamórala porque te la imaginas en tu casa, contigo a tu lado. Enamórala con frases inesperadas, con música que te conecte a ella, con deseos y mensajes que llegan a deshora solo para recordar que la extrañas. Enamórense. Pero si descubres que ella es mucho para ti porque reta demasiado tu mente, corre a buscar a la chica que no escribe, pero antes déjale una nota a quién te robó el pensamiento para que esté enterada que será pronto el momento de colocar punto final a otra historia. Y si el caso es contrario, si descubres que tu vida está al lado de aquella que escribe, corre con un ticket del metro y un mensaje, entra en su biblioteca y déjaselo en el libro de turno, ¡Sorpréndela sin mentirle!.
Decidimos
llamarle a aquella conversación "Solución a la ecuación de la
existencia". Si no recuerdo mal, sucedió así:
—Lo tenemos un poquito difícil —me dijo.
—¿A qué te refieres?
—Al hecho de que la gente no sepa ver las cosas de dentro.
O, de verlas, que no sepa darles la importancia necesaria.
—¿Te refieres a la belleza interior?
—Llámalo como quieras, pero sin duda se ha perdido la bonita
costumbre de ver más allá. La gente ha perdido esa capacidad.
—Sí, y es triste.
—Y es como una sentencia. Quizá deberíamos dedicar las horas
que nos pasamos escribiendo a ir al gimnasio y a ponernos fuertes y a follarnos
a cualquiera los fines de semana y todo eso que suele hacer la gente. A veces,
claro, no siempre. Tampoco quisiera generalizar.
—Me parece que todo eso es algo muy vacío.
—Sin duda, ¿pero acaso no estamos también nosotros vacíos?
Los poetas, digo. Llenos de un montón de cosas bonitas, quizá, pero cosas
huecas. Casi siempre tristes.
—Bueno, hay distintos vacíos. Hay personas vacías a quienes
tampoco les importa estarlo y sonríen. Y luego hay gente, como nosotros, que
están vacíos pero que tienen la esperanza de que eso cambie algún día. Y si
miras a esas personas puedes verles un brillo en la mirada; como un ojalá o un
montón de esperanzas, algo así.
—Pero temo que todo eso no sea lo suficiente. Quién va a
mirarnos a los ojos y a quedarse allí hasta comprender que el brillo del que
hablas, y que tenemos en la mirada, es algo bonito y no son, por ejemplo,
lágrimas.
—Bueno, cualquier persona inteligente se quedaría esperando
lo suficiente para comprobarlo y aprender a diferenciar los puntos finales de
los puntos suspensivos. Y si no se queda lo suficiente es que esa persona está
tan vacía que tampoco le importa que tú lo estés o no. Y entonces no merece la
pena preguntarle si quiere tomarse un café con nosotros o si quiere sentarse a
nuestro lado mientras esperamos a que pase algún tren. ¿Me entiendes?
—Te entiendo, y ojalá tengas razón.
—Al final toda la gente busca lo mismo, es decir, algo que
merezca la pena. Y se dice "que merezca la pena" porque debe de ser
algo por lo que no nos importe sufrir, con tal de conseguirlo o conservarlo.
Así que ya llegará, algún día, no te preocupes.
—Llegas tarde, la verdad es que estoy preocupado desde hace
tiempo.
—Y quizá sea inevitable, porque estar preocupado indica que
todo esto te importa.
—¿Sabes?, el otro día llegué a la conclusión de que no nos
enamoramos de personas, o de físicos o de sonrisas o de miradas, sino de
proyectos de futuro. Es decir, yo me he enamorado de varias personas en mi
vida, y todas ellas eran distintas unas de otras, pero el único factor que se
mantenía igual era que yo lo quería compartir todo con ellas. Y quizá
"todo" se quede corto para lo que realmente quería.
—¿Y qué intentas decir con todo esto?
—Que quizá, me dije, estoy cometiendo un pequeño fallo, y es
el de desear compartirlo todo con personas a las que apenas conozco, pues
quizá, de conocerlas, y sabiendo que no quieren compartir nada conmigo, no
empezaría a sentir algo por ellas. Creo que, antes de sentir, deberíamos
conocer, aunque la razón y los sentimientos no tengan nada que ver, pero sin
duda, ambos son peldaños de una misma escalera.
—Creo, querido amigo, que estás empezando a entender de qué
va la vida.