"—Quiero confesarme y no sé qué decir. Mi corazón
está vacío. El vacío es como un espejo, delante de mi rostro. Me veo a mi mismo…
y, al contemplarlo, siento un profundo desprecio de mi ser. Por mi indiferencia
hacia los hombres y las cosas… me he alejado de la sociedad en que viví. Ahora
habito un mundo de fantasmas. Prisionero de fantasías y ensueños.
—Y, a pesar de todo, no quieres morir.
—Sí que quiero.
—Y, a pesar de todo, no quieres morir.
—Sí que quiero.
—Entonces, ¿a qué esperas?
—A saber que hay después.
—Buscas garantías.
—Llámalo como quieras. ¿Por qué la cruel
imposibilidad de alcanzar a Dios con los sentidos? ¿Por qué escondernos en una
oscura nebulosa… de promesas que no hemos oído y milagros que no hemos visto?
Si desconfiamos una y otra vez de nosotros mismos. ¿Cómo vamos a fiarnos de los
creyentes? ¿Que va a ser de los que queremos creer y no podemos? ¿Porque no
logro matar a Dios en mí? ¿Por qué sigue habitando en mi ser? ¿Por qué me
acompaña humilde… a pesar de mis maldiciones, que pretenden eliminarlo de mi corazón?
¿Por qué sigue siendo una realidad, que se burla de mi… y de la que no me puedo
liberar? ¿Me oyes?
—Te oigo.
—Yo quiero entender, no creer. No debemos
afirmar lo que no se logra demostrar. Quiero que Dios me tienda su mano, vuelva
su rostro y me hable.
—Él no habla.
—Clamo a él en las tinieblas y nadie contesta a
mis clamores.
—Tal vez no haya nadie.
—La vida perdería el sentido. Nadie puede vivir
mirando a la muerte y sabiendo que camina hacia la nada.
—La mayoría de la gente no piensa en la muerte
ni en nada.
—Un día, llegan al borde de la vida y deben
enfrentarse a las tinieblas.
—Si, y cuando llegan…
—Calla. Sé lo que vas a decir. Que el miedo nos
hace crear una imagen salvadora. Y esa imagen es lo que llamamos Dios.
—Te estas preocupando.
—Hoy ha venido a buscarme la muerte, estamos
jugando al ajedrez. Una prórroga que me da la oportunidad de hacer algo importante.
—¿Que piensas hacer?
—He gastado mi vida en diversiones, viajes,
charlas sin sentido. Mi vida ha sido un absurdo. Creo que me arrepiento. Fui un
necio. En esta hora siento amargura por el tiempo perdido. Aunque sé que la
vida de los demás corre por los mismos cauces. Por eso quiero emplear esta prórroga
en una acción única… que me dé la paz.
—Por eso juegas al ajedrez con la muerte.
—Usa una táctica hábil, pero aún no he perdido
piezas.
—¿Supones que podrás engañar a la muerte con tu
juego?
—Gracias a una combinación de alfiles y
caballos… que aún no ha descubierto. Una jugada y le quitare a la reina.
Se voltea. —Lo tendré en cuenta.
—Me has traicionado. Tratas de engañarme. Pero
cuando nos enfrentemos, yo encontraré una salida.
—Nos veremos pronto. Seguiremos jugando— Se va.
—Sí, es mi mano. La puedo mover. Noto el pulso,
corre la sangre. El sol sigue en lo alto, iluminándolo todo y yo… Yo, Antonius
Block… juego al ajedrez con la muerte".
El Séptimo Sello. (1957).

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